Buscar

Ocurrencias infantiles

Cada casa tiene un pequeño traumita con las ocurrencias infantiles, o lo que llaman ¨cosas de niños¨

Cada decisión que tomamos permanente en casa tiene un porqué (o al menos la mayoría) y algunas de ellas se deben a esas ocurrencias infantiles.

La primera que os voy a explicar es una decisión trágica por una situación digna de Hitchcock...

El caso del jabón


Resulta que mi hermano pequeño ¨el frikigames¨ era un poco rarito para la comida (si solo fuera para eso...) y tenía a mi madre ¨la penitas¨ llorando por las esquinas porque el niño no le comía el puré, ni la fruta, ni casi ninguna otra cosa (por cierto, sigue siendo igual de rarito para la comida, entre otras cosas)

Un día el niño desapareció y no le encontrábamos por ningún sitio de la casa (y no es muy grande)

De repente escuchamos un grito desgarrador seguido del nombre completo de mi hermano y más gritos agudos y más lamentos y para allá que fuimos todos corriendo.

Nos encontramos a frikigames metido en la ducha comiéndose con un gusto inusitado una pastilla de jabón y gozándolo mucho, por cierto...

Mi madre se la arrebató de las manos y corrió por la casa con él en brazos como un pollo sin cabeza: ¨Ay, ay, ay, ¡Que me vais a matar a disgustos! ¿Y ahora qué hago yo? ¡Que se me muere el niño que se ha comido la pastilla de jabón!¨

Y ahí iba ella sin hacer nada, pero sin parar tampoco.

En esto que llama a la pediatra (una pediatra a la que le dimos la vida mártir, porque vivía en la escalera de la portería de mis abuelos y siempre que pasaba algo la pobre mujer era solicitada, fuese la hora que fuese y eso pasaba muy a menudo)

La conversación fue algo así (no la recuerdo porque yo tendría unos 9 años, pero me la imagino)

- Ay, Dios mío que el niño se me muere ¡Ayúdame! ¡Que se ha comido una pastilla de jabón!

- A ver, tranquilízate, ¿Se ha comido una pastilla de jabón entera?

- Bueno, entera no, pero que te digo yo que se me muere el niño ¿Qué hago? ¿Me voy corriendo a urgencias o qué hago? ¡Ayúdame que se me va el niño!

- Pero a ver, si no se ha comido una pastilla entera de jabón ¿Me dices cuánto se ha comido?

- ¡Y que más da! ¡Ha comido jabón!

- Tranquilízate, respira y dime ¿Cuánto jabón ha comido?

- Pues no ha llegado al cuarto de pastilla...

- Vale, no ha llegado al cuarto, ¿Cuánto?

- ¿Tres bocados? o dos... o uno... No se... emmmmm... No parece que mucho.

- Vale, pues ahora ves a la cocina, dale pan y deja que haga su curso.

- ¿Sólo pan?

- Solo pan.

- ¿Seguro?

- Seguro

Y le dio pan. Y no se murió el niño. Y no se volvió a comprar una pastilla de jabón en casa ni una solo vez. En mi casa tampoco se compran. Todos con el traumita de la pastilla de jabón...


La segunda historia de ocurrencias infantiles también tiene de protagonista a frikigames, y tiene que ver con el parchís...


El caso de las fichas de parchís




Esta ocurrencia infantil empieza cuando desaparecieron unas fichas de parchís, ni más ni menos que 2 azules, 2 rojas y 1 amarilla.

No estaban ni debajo del sofá, ni de la mesa, ni en la caja de juguetes, en ningún sitio, hasta que apareció Frikigames diciendo que le molestaba un poquito la nariz...

Pues sí, ahí estaban alojadas las 5 fichas, bien ordenaditas entre las dos fosas nasales. Solo os diré que fue una tarde dura en la que las pinzas de los pelos tuvieron mucho trabajo.

A partir de ese momento se sacaban las fichas, se vigilaban las fichas, se contaban las fichas y se guardaban las fichas bajo llave.

Pero las cosas de narices pueden ser peores, como lo que le pasó al primo de mi madre, que se metió un garbanzo y casi se muere asfixiado de camino al hospital. En mi casa siempre se han vigilado mucho los garbanzos...


La tercera tiene que ver con el jamón y el embutido colgados de un gancho en el patio de la portería de mis abuelos.


El caso de las ratas y el embutido



Siempre aparecía roído, y no había nadie que entendiera qué pasaba, así que se lanzaron todos a la búsqueda de las ratas, pero no aparecía ninguna. Ya no entendían qué podía estar pasando, ni donde se escondían esas ratas roedoras de embutido del bueno. Hasta que nos pillaron a mi prima y a mi agarradas al jamón royéndolo como locas.


La cuarta tiene que ver con lo mucho que me gustaba a mi tirar agua por el balcón, no me preguntéis por qué.


El caso de las cascadas de agua a deshoras



En mi mente infantil estaba exenta de toda bronca si salpicaba a alguien y le decía: ¨¡Perdone! Es que estaba regando las plantas!¨ Así que yo tiraba y tiraba agua y si alguien me gritaba desde la calle tenía mi frasecita bien aprendida y nadie podría reñirme nunca ¡Era el plan perfecto!

Pero no, claro... No me dejaron sacar agua al balcón nunca más...


La quinta os habrá pasado a todas, o seguro que conocéis a alguien, son los denominados ¨autocortes infantiles de pelo¨,


El caso del autocorte feo de pelotas



Mi hermano era un experto, tanto es así que dejó de crecerle el flequillo de tan a ras que se lo cortaba y tantas veces al mes. Los peores cortes de pelo feos de pelotas son los que se hacen a otros, que esos ya son el colmo del cabronismo infantil.


La última ocurrencia infantil la sufrimos hace unos días de mano de minilapagirl.


El caso del adaptador de wáter que quería ser flotador