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Primer hijo vs segundo -primera parte-


¡Hola amiguitas!


Como os dije el viernes pasado hoy vengo a hablaros de un tema extraordinario: Nuestra evolución de un primer a un segundo hijo. Voy a dividirlo en dos partes, porque aquí hay mucha tela que cortar.


Dejemos de lado la personalidad de cada uno, y centrémonos en nosotras.


Desde el embarazo ya vemos diferencias (léase post anterior) que continúan durante el resto de su vida (o eso imagino, las mías aún tienen 6 y 2 años, pero ya lo intuyo)


En el parto


Con el primer bebé vamos como pollos sin cabeza. En el segundo ya somos expertas y sabemos de lo que hablamos, tenemos las cosas claras y no estamos dispuestas a que se repitan errores anteriores.

Si tu querías que tu pareja cortara el cordón umbilical y con el primero te ignoraron, con el segundo entrarás por la puerta del hospital diciéndole a to' quisqui que tu marido VA A CORTAR EL CORDÓN, pase lo que pase, y si todo va bien, tu marido CORTARÁ EL CORDÓN UMBILICAL, caiga quien caiga, aunque él no quiera, CORTARÁ EL CORDÓN, y lo hará porque a ti te sale del mismísimo papo, que para eso el parto es tuyo ¡Faltaría más!


Darle el pecho



Una vez lo tienes en brazos no necesitas el permiso ni la ayuda de nadie para ponértela en el pecho, esto es así.

Las matronas alucinan con tu destreza: " Es que no es el primero" dices orgullosa. Las grietas y otros problemas de la lactancia ya no nos pillan por sorpresa, y sabemos perfectamente cómo actuar ante ellas.


Visitas y rapto de bebé



Probablemente con el segundo habréis prohibido las visitas u organizado con cautela los horarios.

Evidentemente a tu segundo peque ni de broma se lo van a ir pasando, como al primero, un tumulto de personas metidas en tu habitación del hospital, que llegaba un momento que tú ya no sabías quien tenía al bebé, y dudabas si conocías o no a toda esa gente que te miraba tumbada en la cama en camisón.

Con una picardía que solo te ha dado la bimaternidad dirás decidida: ¨uy, no lo puedes coger porque se ha dormido ahora mismo¨ o: ¨uy, es que le toca comer¨ (forzando la introducción de teta en la boca, aunque esté más dormido que un tronco)

Con el segundo SOLO cogerá al bebé quien tú quieras que lo coja, y por supuesto habiendo pasado al menos unas horas únicamente contigo o tu pareja.


Consejitos rancios (léase post anterior-anterior-anterior-anterior)




En mi casa también viví diferente el tema consejitos rancios.

Con Absorvigirl me enfadada cuando intentaban decirme qué hacer, como cogerla, como darle el pecho, como taparla, como educarla, o lo que era mejor. Con Minilapagirl me he reído muchísimo y me ha dado igual. A consejos rancios oídos sordos.


Cambio hormonal




Con el primero puedes no entender que te pasa, porque te sientes así o lo que pueden llegar a hacer las hormonas contigo. No sabes si es normal o es que lo tuyo es excepcional, si sentirse así es habitual o eres muy rara y muy mala madre.

Con el segundo le haces la peineta a las hormonas y te das cuenta que no son tan impredecibles, les plantas cara como a antiguas y molestas amigas que vuelven para visitarte, y sabes perfectamente que todo eso acaba pasando.

Miedos



Con el segundo te notas más relajada, no lo vives todo con tanto miedo, incertidumbre o presión, todo va saliendo y tú lo sabes. Te dejas llevar y te sientes más cómoda siendo mamá.


Cambio de pañal




Tampoco pasa nada si no le cambias el pañal cada diez minutos, si se le juntan un par de pipís no se va a irritar de golpe y no te va a odiar por ello.

Tampoco vas a ser peor madre por no gastarte una millonada en paquetes de pañales a la semana.


¿Qué os parecen estas diferencias? ¿Habéis vivido alguna? ¿Alguna otra que queráis compartir conmigo? ¡Dejármela en los comentarios!

Y recordad que la semana que viene vengo con la segunda parte de este post ¡No os lo perdáis!



Hijotada de hoy:


Absorvigirl puede tener un ratito el móvil después de cenar y ver los dibujos. Usa un movil antiguo de papadesquiciado sin targeta, que solo tiene wifi.

Un dia papadesquiciado la castigó sin móvil al día siguiente. Yo la vi especialmente tranquila con el castigo, pero hasta el día siguiente no sabría porque.

Al despertarse tuvieron esta conversación:

- Recuerdas que hoy por la noche estás castigada sin móvil, ¿verdad?

- Sí, pero me da igual.

- ¿Cómo que te da igual? (Dice con ojos como platos)

- Pues que no me importa nada, porque total, mi móvil ayer ya no tenía internet.

- ¿Cómo que no tenía internet? (Dijo flipándolo muy fuerte)

- Pues eso, que a veces falla y ayer ya no tenía internet y no se arreglaba, así que me da exactamente igual tu castigo.


¡Hasta la próxima amiguitas!






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