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Primer hijo vs segundo -segunda parte-

¡Hola amiguitas!


Como recordaréis dejamos a medias el post anterior.

Aquí os traigo, sin más dilación, la segunda parte de esas diferencias entre tener un primer y un segundo hijo:


Ropa


Si su camiseta tiene manchitas pues oye, tampoco pasa nada.

No vas a tirarte el día entero cambiándole si se ensucia ni haciendo lavadoras como con el primero (¡Ah! Y si a veces cae alguna pieza de su ropa en otra lavadora con otro jabón pues tampoco pasa nada)

La ropa del anterior se aprovecha, y si le va un poco grande ya crecerá ¡Tampoco es el fin del mundo! Y si te dan ropa de segunda o tercera mano te parece la mejor ropa del mundo.

Peinaditos imposibles


Ojo a los peinados, la mayoría de las veces en su complejidad podemos averiguar si esa peque tiene hermanos o no (cuantos más hermanos, más desmelene)

Yo recuerdo que desde pequeña le hacía unos peinados imposibles a Absorvigirl, y cuando nació Minilapagirl dejaron de existir ¡Pero es que no conseguía estirar el tiempo! Evidentemente Minilapagirl nunca ha disfrutado de una sesión peluquería-tortura por mi parte con mil gomitas (que creo que no le importa nada e incluso lo agradece) Pero chicas, ya sabéis que la vida nos da lo que nos da, y no podemos estirar más el tiempo ni la energía.

Alimentación


Con el primero te tiras días enteros haciendo purés o leyendo al pie de la letra lo que le va tocando comer cada día.

Con el segundo te relajas y sabes que hay métodos mejores que tirarte un día entero haciendo los purés de la semana, y que la alimentación se puede introducir de otras maneras que te facilitan un poquito la vida y con las que aprenden mucho más. No olvidemos que eso nos permite también no volvernos loca, que con los segundos no tenemos el mismo tiempo.

Agilidad


Al primer hijo lo mirábamos con ojos de admiración y comentábamos lo espabilado y ágil que era... Hasta que llega el segundo. Ahí veis muy claro que los segundos tienen mucho que aprender de los primeros.

También podemos hacer una mención especial a nuestros riñones, que son los grandes damnificados cuando empiezan a caminar, sobretodo los primeros. Los segundos tienen que apañárselas solitos si quieren levantarse y empezar a caminar en algún momento.

Caídas



La primera vez que se cae tu hijo de cabeza (evidentemente hablo de golpes sin importancia) corres a urgencias a que le hagan radiografías y TACs y todo lo que se pueda, porque vaya si eres mala madre que se te ha caído el niño...

Con el segundo lo levantas, le das un beso y un abrazo, y a otra cosa mariposa.

¡Ah! Y aprendes que las caídas desde la cama o desde el sofá es lo más habitual.


Fiebres



¡Ojo a una fiebre de un primer hijo! ¡Ahí corre hasta el Tato!

Lo mismo pasa con el primer moco o la primera tos. A veces incluso lloramos desesperadas porque a ver qué hemos hecho mal para que el bebé se constipe.

Con el segundo respiramos hondo y mantenemos la calma. Un moco es un moco, y una fiebre siempre tiene que ser mirada por un pediatra, pero sin que perdamos la cabeza.

Mundo de dos



Ahora ya no se da un baño uno, se dan un baño dos. Ya no se viste a uno, se visten a dos. Ya no se batalla con uno, se batalla con dos.

A partir del momento en el que nace el segundo, lo tenemos todo multiplicado por dos (o a veces parece que por tres o cuatro del trabajo que dan)

Pero eso sí, tenemos una ayuda indiscutible e inmejorable: la del hermano mayor.


BONUS: Tercer hijo



No tengo un tercero, así que me imagino que estos ya se crían solitos, pero si alguna vez tengo otro hijo rellenaré este apartado para daros luz sobre el tema.

¿Se os ocurre alguna diferencia más entre los primeros y los segundo? ¿Podéis aportar algún punto más a la lista?

Si es así, ya sabéis, dejarme un comentario por ahí abajo, me encarará leerlo.


Hijotada del día:

-Papá, se ha acabado el papel del rollo. Menos mal que no está mamá ahora porque no lo pienso recoger...


¡Hasta otra amiguitas!





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