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Pueblos ¡Qué lugares!


Hace ya un par de semanas que aterrizamos de nuevo en la realidad de la ciudad, y después de unos días en el pueblo viviendo mil aventuras me apetecía mucho haceros llegar la esencia del pueblo y explicaros la actividad favorita de sus gentes, el hobby predilecto sobre todos los demás.



Los pueblos son lo más maravilloso del universo


¿Y cómo os voy a hacer llegar esa esencia? Os preguntaréis, porque claro, eso es difícil ¿No?

Pues para mi no, que tengo una habilidad pasmosa para explicaros historias y una sintaxis envidiable.


Este verano, como os decía, casi ocurre un drama que hubiese dado mucha carnaza a las gentecillas del pueblo.

Esa historia hubiese corrido como la pólvora, de una casa a otra cambiando la versión en cada una de ellas.


Diré más, hubiese pasado de un pueblo a otro sin poder frenarlo, de aquí hacia allá, versionando la historia en cada uno de ellos.


Las abuelas persianeras se habrían asomado a las ventanas cada vez que hubiesen pisado el pueblo los implicados, esperando sangre y vísceras. Cuantas más ¡mejor! Más historias que explicar.


Después, las abuelas, hubiesen agarrado sus sillas y se hubiesen juntado a la fresca en la puerta de las casas con las vecinas a explicarles la historia, distorsionándola todo lo que les hubiese permitido la imaginación (que es mucho)


Os digo más, se hubiese hecho una trova y la historia hubiese pasado de padres a hijos y de hijos a nietos.


Steven Spielberg envidiaría a las abuelas de mi pueblo, que moldean las historias para hacerlas más interesante. De la nada, de lo insignificante, ellas sacan un dramón familiar o un problema de lo más intrínseco y retorcido.


De esa mujer que va acompañada de su primo a casa de su tía extraen la gran crisis matrimonial que están sufriendo su marido y ella, porque mira que el otro día la vi bajar con un mozo de buen ver hacia la casa vacía de su tía de la mano (aquí está la primera licencia que se toman de distorsión de la historia) que estaba comprando el pan en ese justo momento y tardó en llegar y dicen que retozaron en el lecho de la difunta abuela de él, y mira que vergüenza para el pobre marido y cállate Delfina, habla más bajo que por ahí viene la Evelia y tiene la lengua muy larga (EJEMMMM)

Y ojo que una que se cosca de que la cosa no cuadra le pregunta muy seria:

- ¿Pero de la mano, de la mano?

- Uy sí, de la mano, que lo vi yo con estos ojitos.



No os fiéis de su sonrisa, que te sonsaca, lo tergiversa, y luego lo cuenta por ahí


No hace falta que os diga que esa mujer no tiene ninguna crisis y fue a tomar un café (en el comedor, en concreto en el sofá, que NO EN LA CAMA) con su tía, con su primo, o con quien le saliese del mismísimo papo.


Siempre me he preguntado que tipo de poder ultrasensorial tienen las abuelas persianeras que saben perfectamente lo que ocurre dentro de las casas ¿Rayos x como Superman? La curiosidad me mata...


Aún recuerdo cuando una noche de verbena, en las fiestas del pueblo, un amigo cogió una tremenda borrachera y se calló entre unos troncos haciéndose alguna heridita en la cara.


Al rato se quedó dormido boca arriba en el suelo de la era y todo iba bien, hasta que vimos que venía su tío de lejos, pero no pasaba nada, teníamos la mejor idea de todos los tiempos, lo hicimos rodar entre tres dándole la vuelta y poniéndolo boca abajo, así no le reconocería nadie (como podéis comprobar nosotros tampoco estábamos muy serenos)



Con los cubatas que nos bebimos aquella noche hubiésemos podido hacer una torre hasta el Sol


Recuerdo que su tío pasó, nos dijo buenos días, lo miró y se fue ¡Qué orgullo sentimos! Nuestro plan había funcionado y seguro que no lo había reconocido.


Pero después de su tío empezaron a pasar algunas otras personas, y nos dimos cuenta de que lo mejor sería llevarlo a casa (que perspicaces...)


Lo cargamos entre algunos y abrimos como pudimos la puerta de su casa. Le encaramos por el pasillo y le recordamos que su habitación era la segunda puerta.


Cuando estábamos cerrando la puerta despacito, despacito, intentando hacer el menor ruido posible, escuchamos un golpe seco y fuerte, del que dedujimos que era un cabezazo contra la pared.


Así que ya de perdidos al río pegamos un portazo y nos echamos a correr, a él ya no podía salvarle nadie, pero nosotros aún podíamos ¡Tonto el último!


Al día siguiente al salir a la calle nos llegaron mil rumores: Nuestro amigo se había caído por un barranco y se había abierto la cabeza. Se lo habían llevado al hospital de otro pueblo de urgencia, y es que el accidente había sido muy aparatoso. El tío Fulanito y la tía Menganita lo habían visto en el suelo con la cara destrozada.


Nosotros fuimos corriendo a su casa asustados pensando que después de dejarlo en casa se habría escapado, o alomejor ese golpe que habíamos escuchado le hizo más daño del que pensábamos.


Pero... Nada que ver, estaba en la cama, resacoso y a salvo.



Ese día aprendimos definitivamente (porque la lección la teníamos medio aprendida ya, que de todos habían llegado rumores alguna vez ¡Y vaya broncas nos caían!) que no debíamos escuchar las historias de las gentes del pueblo, debíamos extraer una parte pequeña y quitar las partes exageradas de la historia, y ahí, en el centro del centro del centro, encontraríamos una parte pequeña de la realidad del asunto.


Y de eso precisamente os hablaba, del drama que se estuvo a punto de vivir y que finalmente no se vivió, pero no por ello no se habló, y es que resulta que una semana antes de acabar nuestras vacaciones en el pueblo, el de los melones y el de las sandías casi llegan a las manos mientras el panadero daba marcha atrás tocando la bocina.


Muchos explicarán que tenían rencillas anteriores, que las familias ya tenían problemas, que en otros pueblos ya había llegado la sangre al río porque el melonero odia a las sandías, y el de las sandías odia los melones, porque ambos venden melocotones y son competencia directa, porque uno vende melones y el otro vende sandías, porque deberían de hacer un calendario para no juntarse los dos en el mismo pueblo (y más en el mío que es enano)

Todo eso podría ser realidad, sin duda, pero la verdad es que coincidieron en una calle estrecha y ni uno podía tirar adelante ni atrás, ni el otro tampoco.



¡Pues no ves que por ahí no cabes, alma de cántaro!


Y eso amiguitas, para las que no lo sepáis, es un pueblo pequeño de los de antes, en el que todos nos conocemos y todos somos familia directa o indirectamente. TODOS.


¿Y vosotras tenéis pueblo? ¿Habéis veraneado alguna vez en alguno? ¿Tenéis alguna historia sobre el hobby favorito de los abuelos? Si os apetece, ya sabéis, comentar en este post, ¡Me encantará leeros!


Hijotada del día:


Absorbigirl estaba jugando a médicos con Minilapagirl, y llevaba un fonendo de juguete en la mano:

-Venga aquí señora, que la insulto.


¡Hasta otra amiguitas!






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